Pinceladas del mundo emocional en los niños con alergias




Hoy contamos en nuestro blog con Begoña Arenas Tuzón, psiquiatra de niños y adolescentes, que ejerce su profesión desde su propia consulta privada. En esta ocasión Begoña ha querido reflexionar acerca de los niños que han sido diagnosticados de alergia a edades tempranas, haciendo hincapié en su mundo emocional. Estas son sus palabras:

Gracias a lo que me han ido enseñando tanto los niños a través de juegos, dibujos, palabras, como sus padres en su esfuerzo de comprenderles y ayudarles, he extraído una serie de ideas, algunas de las cuales creo que vale la pena compartir.

La primera es que cuando la primera crisis de alergia tiene lugar en la infancia, es importante entender en qué momento del desarrollo del niño ha tenido lugar. En mayor o menor medida, en una etapa en la que el psiquismo se está desarrollando al mismo tiempo que el cuerpo no deja de sufrir cambios, la crisis de alergia puede hacer que la percepción que va teniendo el niño acerca de sí mismo se vea “impactada” por una vivencia de vulnerabilidad. Y esto le lleve a relacionarse con el mundo, con los demás, con cierta inseguridad.

La segunda es que el niño no está solo ante todo esto, que sus padres (y por extensión el resto de adultos de referencia como profesores o padres de amigos), tienen una labor importante. Aquí se establece la difícil tarea de los padres de generar un equilibrio entre proteger a su hijo y que este confíe en el adulto y no sobreprotegerlo, favorecer que desarrolle su autonomía sin exigirle una sobre-adaptación. Y todo esto lidiando con el propio temor a las consecuencias de una nueva crisis.

La tercera es la importancia del juego simbólico, creativo, para poder expresar y elaborar toda esta conflictiva. Un recurso privilegiado para luchar contra el villano de turno que nos hace el favor de representar a la amenaza de muerte. Amenaza que en muchas ocasiones es difícil de expresar con palabras o incluso de pensar, pero que yace en lo profundo del mundo emocional de muchos niños que han experimentado crisis de alergia de diferentes intensidades. Muchas de ellas a edades en las que todavía no hay un aparato psíquico suficientemente desarrollado como para hacerse cargo de procesar las sensaciones que registra su cuerpo. En estos tiempos de pandemia, los niños pueden sentir que están reviviendo una situación personal pero a gran escala, esa vivencia de amenaza de muerte continuada, que ahora toma el nombre de coronavirus, y que en estos momentos es compartida con el resto de la sociedad, y posiblemente, mejor comprendida.

Quizá la última idea a modo de conclusión es que, además de la repercusión orgánica de la alergia, existe una implicación emocional, afectiva, merecedora de atención. Es decir, que del mismo modo que hay un desarrollo en lo corporal y diferentes factores que pueden afectarlo, hay todo un desarrollo en la esfera emocional, que puede verse interrumpido o alterado por diferentes motivos. Ambos desarrollos no son procesos totalmente independientes, si no que van de la mano, uno puede influir en el otro y viceversa. Es por ello que no hay que olvidarse de ninguna de las partes. Y como hemos visto, el movimiento emocional no ocurre solo en el niño, si no también en sus padres, quienes pueden encontrar en el juego un gran aliado para gestionar y comprender todo esto.

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